Más de lo que se te pide

“Haces más de lo que se te pide” es una frase dedicada a un marido que, a la sazón muy voluntarioso,  siempre va mucho más allá de lo que se le ha encomendado y alguna que otra vez se mete en un lío de bricolaje doméstico.  Sin embargo, creo que dicha expresión es una de las más universales que conozco. Y lo es, porque cada uno de nosotros lo hace – más de lo que se le pide – alguna vez y sale escaldado.

Habría muchas historias sobre este tema y todas nos llevarían a la misma conclusión: hay que saber dar desinteresadamente pero con la medida apropiada para cada persona. Es decir, lo que ésta desea recibir y no lo que nos empeñamos que tenga; porque en muchas ocasiones no hay ninguna coincidencia y nos llevamos el consiguiente disgusto de un desdén que podemos considerar inmerecido. Por otro lado, el que recibe lo que no desea, se siente presionado para aceptarlo.

Sin embargo, esto me recuerda también una vieja anécdota que me ocurrió en casa de un familiar. Acompañé a mi padre a hacer una visita a su anciana tía que, con mucho cariño, nos preparó unas natillas con pasas que ella recordaba que a él le gustaban mucho cuando era niño y, por extensión, también a mí. Tan contenta estaba de poder agasajarnos que nos tuvimos que tomar media docena cada uno, porque eran las que había previsto para nosotros. No nos sirvió de nada decirle que con dos por cabeza bastaría y, por no ofender, terminamos con tremendo empacho. Tan grande que, veinte años después, todavía nos acordamos de las infusiones de manzanilla que tuvimos que tomarnos tras el atracón, pero también del amor que nos demostró -alguien de tan avanzada edad- tomándose la molestia de recordar nuestro postre favorito. Ello nos hizo ser indulgentes con su insistencia y, además, estar agradecidos por el detalle.

Supongo que en el punto intermedio, como siempre, está la virtud. Sobre todo la de complacer ambas partes. Sin embargo, debería prevalecer la delicadeza, tanto en quien da como en quien recibe. Primero, la de no violentar a la otra parte insistiendo y segundo, la de no hacer desprecio si no se desea ser ayudado. Todo ello lindando con la buena educación; aunque seamos sinceros, algunas veces dan ganas de esconderse debajo de una mesa cuando la insistencia de darnos lo que no deseamos lo es en demasía.

Recordemos, porque viene al caso, aquella frase de “soy feliz viéndote feliz” que seguramente sea la única razón que se persigue en la mayoría de los casos.

Chole Limón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s