Si quieres, como si no

Enamorarse es algo que puede ocurrirnos cuando menos lo esperamos, pero amar con todo nuestro corazón es, sin duda alguna, una decisión; como también lo es cuidar de la relación que ha surgido como regalo de ese amor. Sin embargo, hay quien piensa que uno puede recurrir a cualquier cosa, incluso las carentes de toda ética, para reconquistar un amor perdido.

Por ello, me llamó la atención hace unos días un cartel que vi en una farola y que decía: “Vidente recupera a tu pareja 100% de éxito, máximo en tres meses”. En el mismo se incluían otra serie de “trabajos” que se podían hacer al respecto. Primero pensé que aquello era algo casi folklórico pero está visto que no, porque luego pude ver otros similares aunque no tan contundentes y ello quiere decir que el tema tiene su mercado. Está claro que si no fuese así, no lo ofrecerían.

Entiendo que todo aquel que haya sido visitado por el desamor o el abandono sabe perfectamente que no son nada agradables ni fáciles de superar. El primer enfado, la negación y las lágrimas son compañeros fieles en tal situación y tan sólo el tiempo se configura como el mejor aliado. Aún así, salvo que tengamos el corazón de hielo, aún podemos pedir explicaciones, querer una nueva oportunidad para redimirnos y que el amor perdido vuelva.

Y al respecto, no podría recordar nada más gráfico y genial que una película argentina llamada No sos vos, soy yo”, que todo el mundo debería ver alguna vez. En ella se refleja perfectamente lo que es el apego hacia la persona amada que en un determinado momento decide volar; la dificultad que entraña levantarse de un fracaso amoroso y empezar un nuevo camino en soledad, el tiempo que ésta dure, hasta que sanen nuestras heridas y seamos capaces de vivir una relación realmente sana. Hasta ahí, creo que es lo que a todos nos ha podido pasar o que hemos visto a nuestro alrededor.

Pero el dichoso cartel va más allá como otra alternativa del maltrato, porque no respeta la decisión ajena. Es como si pudiesen decidir sobre un pajarito encerrado en una jaula y yo reivindico que el amor no es eso. Ese cartel habla de otra cosa que ni se le parece: la obsesión. Esa obcecación destructiva que pasa por encima del libre albedrío de la otra parte. Un libre albedrío que es lo más sagrado en el Universo y sin cuyo respeto denigramos el significado del sentimiento más noble.

Quien verdaderamente ama sabe que lo más hermoso de ser correspondido radica en que ese amor que nos es dado, lo es por propia voluntad y de ahí su grandeza porque nunca será egoísta si es sincero. Es algo que va de corazón a corazón y que nos atraviesa de la manera más dulce y más noble, porque cualquier sentimiento que emana de nuestro corazón lo es.

Olvidémonos de pedir a “otros” que recuperen para nosotros lo que ya no nos pertenece. Las personas no son cosas y son libres para quedarse o irse. Qué cosa más hermosa que alguien esté a nuestro lado porque no quiera estar en ningún otro lugar, o en su caso, que lo estemos los dos a la vez.

Una de las mejores definiciones al respecto nos la ha dado el maestro Osho al hablarnos del verdadero amor: “… Tu amor es como la fragancia de una flor. No crea una relación; no te pide que seas de una forma determinada, que te comportes de cierta manera, que actúes de cierta forma. No exige nada. Simplemente comparte. Y en este compartir, tampoco existe el deseo de recibir una recompensa. El mismo compartir es la recompensa.

Cuando el amor se convierte para ti en una fragancia, tiene una tremenda belleza y posee algo que está muy por encima de la mal llamada humanidad. Tiene algo de divino”.

Y si es divino, tengamos claro que no lo va a traer nadie de vuelta a la fuerza, mucho menos como un preso cargado de grilletes. Así que no vale aquello de “si quieres como si no”. No tratándose del amor, porque éste invariablemente nos incita a ser la mejor versión de nosotros mismos y por lo tanto, la más compasiva y generosa.

También estaría bien que aprendiéramos a amarnos lo suficiente, como para no relacionarnos o dejar que se relacionen con nosotros de manera ofuscada y tóxica. Si el amor de verdad lo fue, no puede terminar así o, al menos, no deberíamos permitirlo.

Chole Limón

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