No es tan difícil ser feliz

Una de las pocas cosas que tengo claras del todo en la vida, es que amar y estar de buen humor son decisiones que nos llevan a experimentar la vida de una forma diferente dentro de este maremágnum que es el diario vivir. Y el premio es que nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea cambia. Es como disponer que nuestra cara muestre mejor una sonrisa que un rictus amargo. Se trata de decidir cuál va a ser nuestra perspectiva de ver las cosas. Y no es cuestión de cuánto hayamos sufrido cada uno, sino de ver qué preferimos entregar a los demás desde nuestro interior. Si nos queremos comparar con otros y ver quién lo ha pasado peor, no terminaríamos nunca, porque a todo hay quien gane. Y no es ninguna virtud ganar ese premio cuando podemos trabajarnos desde dentro y mejorar.

No obstante, hemos de admitir que todos, absolutamente todos, tenemos mejores y peores momentos. Esos instantes en que cambiamos de seres equilibrados a energúmenos, o bien, nos sumimos en cualquier otro estado de negatividad y pesimismo. Hoy mismo, sin ir más lejos, me ha vuelto a pasar a mí y me he puesto como un basilisco por algo que, en realidad, no iba directamente conmigo. Me he permitido enfadarme por otra persona que hacía lo que creía que tenía que hacer y a mí me parecía que abusaban de él. Pero, lo cierto es que da igual el motivo por el que esto ocurra, aunque lo normal es que se deba a alguna herida todavía abierta en nuestro interior; un simple recordatorio de algo que creíamos superado. Es ese pequeño genio que desde muy adentro te dice: ¿de verdad ya no te importa que te pase esto? o ¿recuerdas cuando te pasaba?  Dicen los sabios que uno ve en los demás aquello que también lleva en su interior. Es lógico, ¿no?  Por mucho que nos pese, para bien y para mal.

Y como no creo en las casualidades, este verano he tenido la gran fortuna de toparme con un libro – como suele ocurrirme muchas veces – llamado: “El mundo sencillo” de Julia Rogers Hamrick. Una verdadera delicia de sentido común, que nos habla de una serie de sencillos mecanismos para saber elevar nuestro nivel de consciencia en el día a día y por lo tanto, a saber volver a nuestro estado natural de bienestar interior. Y me ha sido muy útil para volver a “recordar” aquello que todos sabemos pero nos cuesta creer, por lo evidente que resulta. Es como tantas leyendas que nos hablan de que no es necesario buscar un tesoro por lugares remotos cuando lo tenemos en nuestra propia morada, en la calma de nuestro propio ser; en nuestro corazón. Y así es y suele ser casi siempre. Sólo basta con que queramos reencontrarnos con la verdadera esencia de lo que somos y aceptarlo.

En nuestras vidas, siempre existirá lo que se llama “contraste” en circunstancias de lo más variado. Esas pequeñas piedras del camino que nos sirven para crecer y darnos cuenta de las cosas. No importa lo que sea sino la forma de vivirlo y eso, no lo dudes, es cosa nuestra. Y, aunque, de cuando en cuando descarrilemos, siempre podemos elegir volver a nuestro equilibrio y armonía. Seguro que tú, como yo, seres normales y corrientes, tendremos que repetir el proceso un sinfín de veces. No importa, de verdad que no. Es cuestión de hacerlo con disciplina, pero sin forzar: con naturalidad. Los seres humanos somos animales de costumbres y, del mismo modo que somos capaces de hacer nuestras rutinas diarias, como lavarnos los dientes, también deberíamos hacer lo propio con nuestro necesario proceso de higiene mental y emocional. Tomar el mando de ambas, significa demostrarnos consideración y respeto, que no podemos exigir de terceros si no nos lo proporcionamos nosotros primero.

Cuando sintamos que algo no va bien dentro de nuestro corazón, tenemos que dar el paso para saber qué es lo que nos ha sacado de lo que Esther y Jerry Hicks nos explican como “El vórtice” o “Corriente de bienestar”.  Ese maravilloso nivel de vibración, fluido y consciente, en el que eres tú mismo en tu mejor versión, con un traje a medida en el que no te sientes extraño. Una corriente  en la que te sientes simple y sencillamente bien, asumiendo tu papel de creador de tu propio mundo. Es un proceso individual, no caben grupos, sólo tú y tu relación con tu esencia.

Y, ¿todo esto sólo para sentirme bien? Pues sí, aunque te parezca tan simple, pero es el primer paso y el más importante. ¿Acaso alguien es feliz rumiando un pensamiento negativo, una venganza o cualquier otra basura mental a lo largo del día o siquiera un momento? Yo diría que más bien eso produce un efectivo dolor de estómago o cosas peores. Entiendo que nos cueste creer que algo que parece de excesiva simpleza pueda ser posible, pero puedo asegurar que son las cosas más sencillas las que nos hacen más felices.

Al menos, se puede probar. A fin de cuentas hemos venido a este mundo a expandir la consciencia de todo lo que es. Si preferimos pasarlo mejor, muy bien o mal mientras estemos en este mundo, es sólo decisión nuestra. A propósito de esto, muchas veces he comentado con una amiga que siempre estamos dispuestos a adaptarnos a las situaciones difíciles, pero nos cuesta imaginarnos en toda nuestra plenitud.

No es tan difícil ser feliz, pero tenemos que decidirnos a serlo y aceptar que lo somos cuando sentimos que así es. Y si no nos ocurre con frecuencia todavía, o vivimos pasando más ratos malos que buenos, este es un buen momento para empezar a intentar que las cosas cambien desde dentro, que es como funciona de forma duradera.

Chole Limón

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