Como el cuento de las dos vasijas

Esta mañana, sin quererlo, me he despertado muy temprano, demasiado para un domingo, y he optado por alargar un rato más el descanso de mi cuerpo, pero no fui capaz de hacerlo con mi mente. Así que, sin quererlo, eché a volar por el pasado y tras una larga lista de “y si en lugar de…, hubiera…” terminé comparando mi vida con el viejo cuento hindú de “las dos vasijas”.

Pensé que, a lo largo del camino de mi vida, había tenido demasiadas grietas que habían hecho que se me escapara el agua y desperdiciado muchas buenas ocasiones para no equivocarme, para no derrochar energía haciéndome pasar tantos e innecesarios malos ratos. Y no pude evitar sentirme como la tinaja agrietada hablando con el aguador que todos los días la llevaba sobre sus hombros. El mismo al que la vasija pidió disculpas por perder parte del contenido que debía transportar por el camino porque, a diferencia de su compañera de trayecto que era perfecta y lograba que no se le escapara ninguna gota, ella se sentía mal por no poder lograrlo debido a sus defectos, en definitiva, sus grietas.

Y, no por justificarme, recordé que estaba hablando con lo más profundo de mi corazón, y sentí que ya me había auto infringido demasiadas penitencias por mis errores, que ya había padecido más miedo del soportable, que ya ha llegado el momento en que comience a quererme un poco más y me perdone por mis tropiezos. Y sentí, como la vasija, la voz del aguador diciéndome que gracias a mis grietas, también había ido regando el camino por el que caía el agua que se me escapaba y en él habían crecido las flores. En este caso, las he ido recogiendo también yo, a través del amor que he recibido y de la consciencia de que estamos en este mundo expandiendo el universo con nuestras experiencias. Conociendo el anverso y el reverso de la moneda en tantas y tantas ocasiones, para saber que cada uno hace lo que mejor puede en cada momento y, de nuevo como el aguador, debemos ser caritativos respecto a los errores de los demás y de los nuestros, sabiendo ver todas las demás cualidades. El resto, lo hemos disfrutado o padecido y en algunos casos, todavía lo estamos pagando, pero ya es historia.

Lo que toca ahora, que es el único momento que ya podemos vivir, es seguir adelante y con toda nuestra mejor voluntad. Miremos pues, como la tinaja agrietada, si en el camino recorrido crecieron también flores o si sólo quedó desierto. Aún así, si no quedara ni siquiera la hierba, nunca es tarde para empezar a plantar semillas que puedan crecer en el futuro.

Chole Limón

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