Eres igual que tu madre

almendro¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos dice alguien que nos parecemos a nuestros padres? Cuando éramos niños y nos lo decían, nos sentíamos más anchos que largos. Luego, en la adolescencia y en la juventud, aunque nos lo indicaran no lo dábamos por bueno. ¡Faltaría más! Nosotros estábamos muy por encima. A nuestro parecer nuestros padres estaban equivocados y nosotros íbamos a cambiar el mundo. Pero, en realidad, aquello acababa de empezar, dando pasos torpes por la vida y muchas, muchísimas veces tuvimos que ver que lo del “acierto y error” no había sido patrimonio de ellos sino de la humanidad entera. Que a eso hemos venido al mundo, hasta que sepamos descubrir quiénes somos de verdad y lo que vale lo que llevamos dentro. En definitiva, nuestra esencia, y no hemos sido siquiera capaces de descubrirla hasta bien entrada la madurez.

Pero de eso ya se ha hablado muchas veces y nunca serán suficientes para dar a nuestros padres el lugar que se merecen.

Yo quiero referirme a ese hito de nuestra vida en que alguien vuelve a decirte, después de mucho tiempo sin verte, que cada vez te pareces más a tu madre, o a tu padre, pero físicamente. Es como decía García Márquez, cuando comprendes que has empezado a envejecer. Y es así en parte, porque ya llevas a tus espaldas un sinfín de vivencias y una casi cansada pero siempre existente ilusión por seguir viviendo. Es curioso que, como sabes que tú también has tropezado, ya no juzgas por juzgar y te parece infantil siquiera intentarlo porque a saber cómo lo hubieras hecho tú en el lugar del otro. Lo que ya te importa es sentirte bien, egoístamente sí, pero con mucha sabiduría porque si tú estás mal no puedes alumbrar tu camino ni el de nadie que vaya contigo. El otro día se lo dije a alguien a quien quiero mucho: “lo importante es que tú seas feliz hagas lo que hagas, que tu corazón esté satisfecho”. Y lo creo así.

A lo mejor es verdad que cada vez voy pareciéndome más a mi madre y a mi padre, que siempre me preguntan cómo estoy y no lo hacen porque sí, sino porque de verdad les importa que me encuentre bien, de la misma forma que yo lo voy haciendo con mis hijos.

Todo esto me ha hecho recordar cuando era joven y en alguna ocasión una persona, con la que ya no trato, de forma peyorativa me dijo: “eres igual que tu madre”. Entonces yo habría tenido que contestarle que más hubiera querido yo que fuese verdad.

Chole Limón

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