Año nuevo

Si algo me gusta de estas fechas es que, unos a otros, aprovechamos para desearnos lo mejor para el año nuevo, como si no hubiésemos tenido los trescientos sesenta y cinco días previos para hacerlo. Sin embargo, me encanta ese bondadoso espíritu colectivo que nos incita a querer que las cosas cambien para mejor, no sólo para nosotros mismos sino para el resto de la humanidad y, muy en particular, para aquellos que nos son queridos.

Un día antes de la Navidad, yo misma envié a todos mis conocidos una felicitación en la que les deseaba unas felices fiestas y toda una retahíla de sinceros buenos deseos. La única salvedad, que sí he tenido en cuenta, es que de verdad quiero que vean cumplidos sus anhelos, lo que les haga sentirse bien y siempre de acuerdo con su forma de ser, de ver la vida y que, quizá, no coincida con la mía.

Es más, creo que, en muchas ocasiones, es mi propia forma de verla la que no coincide con la del resto, con la que teóricamente sería políticamente correcta, pero francamente me da igual a estas alturas. Siempre he tenido fama de “rara” y, no voy a mentir, eso no me ha hecho sentir mal sino todo lo contrario.

Lo que sí me hizo sentirme fatal durante una época, en mi juventud, fue tener la sensación de estar viviendo una vida prestada, que no era la que yo habría elegido para mí pero que me sobrevino, ya no me acuerdo cómo, aunque como es natural, mucho habré tenido que ver. Así que durante años no encontré otra forma que no fuera lamentarme hasta que decidí empezar a dar pasos. Pasos cortos, luego largos y muchas veces desacertados, pero ya míos. Sin embargo no me encontraba aún del todo bien en mi propia piel. Un buen día, empecé a escribir lo que yo creía que debería ser mi vida, enfoqué mi atención en lo que intuía que debería ser, hacer y sentir. Entonces supe que ya sabía lo que no quería. Estaba en el camino de conocer, desde muy adentro, lo que de verdad mi corazón anhelaba. Y lo supe, vaya que sí. Y lo seguí y me encontró.

Así que, desde entonces, cuando deseo para cualquier otra persona que sea feliz, lo hago pensando en que lo sea a su manera y de acuerdo con su carácter, sentimientos y propia naturaleza. No todos somos iguales y lo que es bueno para unos es insulso para otros. No existe otra receta universal que la de sentirse cómodo en la propia piel.

Recordemos que, para ser felices, nuestro mejor amigo debemos ser nosotros mismos, sin boicotear nuestros momentos de dicha. Aprendamos a serlo y aprendamos también a hacer partícipes de nuestros sentimientos a quienes nos rodean, porque no tienen por qué adivinarlo. Esto es para todos los días, aunque está muy bien que, en estas fechas, nos acordemos un poco más.

Feliz año, feliz vida, como tú la entiendas.

Chole Limón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s