La fuerza

Hace un tiempo, durante una etapa que yo lo estaba pasando regular, una persona de mi entorno me dijo: “lo superarás, eres una mujer muy fuerte”. No es que tuviéramos una relación excesivamente cercana pero me pareció, por su tono, que no era una simple palmadita en la espalda. No era alguien de palabra fácil y por lo tanto fue para mí como darle a un interruptor y después querer ver que éste daba un poco de luz que cada vez fue siendo más intensa.

E incido en el hecho de querer verlo porque de no haber deseado yo salir de aquél agujero no habría habido una cuerda lo suficientemente fuerte como para sacarme. Siempre ocurre así. Es la voluntad la que nos permite seguir andando a pesar de los pesares, incluso cuando parece que no va a ser posible. Y es necesario aclarar que esto no tiene que ver con la vocación de sufrimiento, con la actitud de fatalidad sempiterna que nos parece tan natural en nuestra sociedad, porque ese es un camino que no lleva más que hacia un bucle de dolor.

Y como me gustan mucho las metáforas, procuro imaginarme lo que sentirá un pájaro cuando se lanza y empieza a volar y no me cabe duda de que le requerirá un esfuerzo hasta que aprende que, por otro lado, es lo natural para su especie. No hay nada como verlos en el cielo, ayudados por el viento en ocasiones y en otras sabiendo dejarse llevar de forma natural. A veces, no obstante, se refugian hasta que amaine sin insistir porque saben que no hay nada que hacer mientras tanto. No me imagino a ninguno de ellos quejándose, simplemente saben esperar y escuchan a su instinto. No falla. Pero no quiere decir que no necesiten tener unas alas fuertes.

Para nosotros, nuestras alas son nuestra voluntad y nuestra constancia es la que hace que toda nuestra fuerza interior dé su fruto. Siempre habrá momentos en los que las cosas no salgan como queremos, que pensemos que todo nuestro trabajo interior se nos ha ido al traste o que no era verdad que éramos lo que creíamos ser, pero no es así. Sucede simplemente que además de ser reyes, somos también lacayos, humildes y soberbios, triunfadores o fracasados. Todos los registros están allí, dentro de nosotros, pero es nuestra la decisión, nuestro impulso como co-creadores de nuestra realidad, la que hará que hagamos que prevalezca una cosa o la otra en nosotros. Por muchos papeles que desempeñemos a lo largo de nuestras vidas, son sólo tramos de nuestro camino. La realidad de lo que somos es mucho más grande y más sutil, pero hay que tener – de nuevo – voluntad para querer verlo.

Ha pasado ya un tiempo desde que me dijeran aquello, que era fuerte y que podría superar una circunstancia determinada. Yo no lo sabía del todo o quizá sólo lo había olvidado mientras caía por la cascada, pero aprendí a recordarlo.

Chole Limón

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