Volveremos a encontrarnos

Pocas cosas hay que impacten tanto como que te digan que ha muerto alguien querido o conocido y que, además, sea de tu edad. Y eso es lo que me ha ocurrido hoy respecto a un familiar muy cercano y me he sentido como si me rozara una bala perdida, porque esta es una de esas situaciones en la que instintivamente frenas en seco y piensas. Lo tienes que hacer sin más remedio, por poca consciencia que tengas, porque ya no eres tan joven y todavía has de aprender que todo llega. También el momento de morir, que siempre prevemos para después y que, sin embargo, puede sobrevenir antes de lo que teníamos pensado.

 Por mucho que digamos, nunca estamos preparados para ello y nos coge por sorpresa. Otra cosa es cómo se tome cada uno este tipo de noticias, pero impacta, ¡vaya que lo hace! Es así por el tiempo que te has perdido de la persona que se ha marchado y por el que se te ha pasado sin darte cuenta en tu propia vida, como si fuera un suspiro, y en el que te has sentido como un barco a merced de las olas. Afortunadamente, nunca es tarde para volver a coger el timón y acaso escoger un nuevo puerto donde amarrar o decidir lo contrario si es que nos gusta más improvisar nuestros pasos.

 Pero esto no es algo que debamos reprocharnos, sólo es así; suele serlo y no pasa nada, hasta que alguien se muere de pronto y te replanteas todo lo que estás haciendo y cómo vives en tu propia piel. ¿Es así la idea que tenías de lo que ahora estás viviendo? Seguro que no; muy posiblemente los planes iniciales se quedaron atrás y tú, como yo, te has tenido que adaptar a muchísimas cosas y a nuevas circunstancias. Suele pasar.

 Pero hoy ha sido diferente, porque se ha marchado una persona muy querida para mí, alguien con quien compartí las aventuras de la niñez. Él era el mayor de los cinco mocosos traviesos de la Quinta “Los Guillermos” que iban y venían por nuestro querido Tequisquiapan a mediados de los sesenta. Los mismos que jugaban sin parar correteando por los márgenes del río. El era quien llevaba casi siempre la voz cantante de aquella pandilla de niños; nuestro tío joven – el tío Billy – y nosotros los cuatro sobrinos mayores.

 Aquella época ya parece tan lejana y sin embargo hoy ha vuelto, cuando he sabido que nos habías dejado hace un par de días. Seguro que más adelante volveremos a encontrarnos allí donde ahora estás o aquí de nuevo. En cualquier caso, gracias por haber tocado nuestras vidas con tu presencia. Y yo, particularmente, guardaré como un tesoro los momentos compartidos en nuestra niñez, cuando apenas empezábamos a descubrir el mundo. Descansa en paz.

 Chole Limón

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