El más allá está más cerca de lo que piensas

Hay muchas cosas que al ser humano le producen miedo, pero el tema de la muerte y todo lo relacionado con el más allá, es – con mucha frecuencia – causa de un temor reverencial. Sin embargo, ese sentimiento va proporcionalmente cargado de curiosidad cuando se trata del contacto con aquellos que ya han cruzado el umbral: nuestros muertos.

Y es natural, porque echamos de menos a quienes nos dejaron, los que fueron una parte importante de nuestras vidas y nos gustaría saber cómo se encuentran. Quizá, también, porque a través de ellos podríamos vislumbrar qué es lo que nos esperará el día que nos toque; y eso nos inquieta, como no podría ser de otra manera.

Cualquiera de nosotros sabe de alguien que “ve”. Esa persona misteriosa que puede contactar con los muertos y que muchas veces es considerada por  la sociedad como alguien oportunista que quiere sacar el dinero a los afligidos familiares del difunto. Esa es harina de otro costal y sobre ello me reservo mi opinión. Yo quiero hablar de otra cosa. De ti y de mí; de ese conocido, de esa amiga o vecino que tiene la habilidad – sí, porque es un don – de percibir a los del otro lado.

Una aptitud que no es exclusiva de unos pocos y que todos y cada uno de nosotros podría desarrollar, si lo deseara, aunque también es verdad que toda capacidad requiere de un hábito. En este caso sería la apertura de la mente y el desarrollo de la sensibilidad y, para ello,  tendríamos que acostumbrarnos a desplegar nuestra intuición, porque éste no es un asunto para razonar. No es ése el camino y no tiene más ciencia que escuchar al corazón, de la misma forma que aquella persona que pasea por el monte sintiendo la naturaleza en lugar de llevar unos cascos para no aburrirse mientras anda.

Escuchar, sentir, abrir mente y corazón para percibir las señales de todo cuanto ha sido creado.  Ésa es la llave y no requiere esfuerzo si es ésa la forma de vida que elegimos llevar para todo; aún cuando tengamos que tener los pies en el suelo para las cosas cotidianas, como el trabajo o poner la lavadora. La única diferencia estriba en estar dispuesto a aceptar que todo, absolutamente todo es posible y que no se trata de nada extraño. Está ahí y es cosa nuestra aceptarlo o cerrarnos en banda.

Pero, ¿podemos no tener miedo a ver o sentir la presencia de quienes han muerto?  ¿Por qué algunas personas lo viven con naturalidad y otras sienten terror cuando les ocurre y prefieren ignorarlo? ¿Quién de nosotros ha sido un niño con un amigo invisible con el que hablaba durante horas y se sentía más a gusto con él que con nadie?

Realmente, no hay motivos para que temas. Sin embargo, es muy importante, en este aspecto como en cualquier otro, que recuerdes que atraemos aquello que es semejante a nosotros, a nuestra vibración, incluso aunque sea lo que no queremos. Si enfocamos este asunto desde el temor, no hay otra posibilidad que tener experiencias que nos den miedo. Y, si por el contrario, das por hecho que estás en contacto con un ser que está en otro plano, en otra dimensión, como energía y con el mismo origen que tú, podrás enfocarte desde el amor y establecer una comunicación maravillosa. Solamente ten en cuenta que has de procurar vaciar tu mente de prejuicios y  permitir que sea la luz que habita en ti quien te dirija.

Quizá, alguna vez hayas “hablado” con alguien a quien amabas y ya no está en este mundo, o bien le has pedido ayuda en algún momento delicado. Si has orado, rezado, es porque has creído que podrías traspasar todos los “límites” entre este mundo terrenal y el plano espiritual. ¿Por qué no han de poder ellos hacerlo también? Más aún si no tienen cuerpo y es su alma con la que contactas. Y, aún en el caso de que sean ellos quienes necesiten que les escuches, cualquiera que sea el motivo, ¿por qué habrías de tener miedo?  La respuesta es que lo desconocido nos provoca recelo y levantamos barricadas. Es normal, pero no es lo adecuado si de verdad quieres potenciar tu unión con la parte más elevada de ti. Esa parte que sabe que no hay límites y que eres un ser espiritual y divino en tu experiencia humana y creadora actual; que has venido y te has ido tantas y tantas veces para seguir experimentando. Alguna vez habrás sido también el que volvió para contactar con sus seres queridos y tal vez les hayas asustado, sin ser eso lo que tú querías.

 Siempre recordaré a mi admirado amigo y maestro Touré cuando me decía: “no te limites”. Eso vale para todo, porque dentro tenemos todo el potencial que necesitamos. Pero, hagas lo que hagas, mejor sin miedo porque no hay por qué tenerlo y tú puedes abrir todas las puertas.  Después de todo, el más allá está más cerca de lo que piensas.

 Chole Limón

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