Eres rara. ¿Lo soy?

Hace ya bastante tiempo una buena amiga mía, refiriéndose a lo que es normal en las personas y en la sociedad en general, me dijo que yo era una persona rara.

– ¿Rara? ¿Por qué? – Le contesté.

– No sé, es que no actúas como los demás.

– Yo no veo que haga nada distinto.

– No es nada malo. Simplemente actúas de manera distinta a como suelen hacerlo los demás  – me contestó –. Si te comparo con cien personas eres diferente a noventa y nueve. Estás constantemente en tu mundo y tienes una forma de hacer las cosas que nada tiene que ver con el resto.

Y la verdad es que yo no me había dado cuenta, porque he sido así desde que era una niña. Tampoco me había parado a pensar en las diferencias; en realidad, siempre me ha dado igual. Con un mundo, el mío, he tenido siempre bastante para andar por la vida.  Me he relacionado bien con la gente y disfruto de su compañía, pero me gustan esos momentos, a solas, para poner en orden mis asuntos, saber qué es lo que pienso y siento, poniendo atención en todos los matices que la vida me ofrece.  Sólo así, en contacto conmigo, con lo más profundo, puedo conectar mejor con quienes me rodean, sin esperar que sean como yo espero, sino sabiendo ver lo bueno que ya tienen

Todo es perfecto en cada uno de nosotros, dentro de este caos maravilloso que es el diario vivir. Incluso aunque no nos lo parezca y pensemos que todo debería ser de otra forma o más justo. Y lo es, porque dentro de cada uno de nosotros existen infinitas posibilidades para desarrollar nuestro plan de vida, nuestras elecciones ante cada circunstancia. Cada una de ellas es una nueva semilla  qué nos permite elegir qué parte de nosotros queremos dejar que evolucione, germinando y fortaleciéndonos  como seres espirituales que han elegido venir a este mundo en una experiencia nueva de vida.

Por todo ello, si es que soy rara, lo admito y no me preocupa porque es lo que elegí, incluso cuando sólo sabía lo que no quería.  Después, me ha parecido que era un buen camino para seguir, sólo que esta vez sí que conozco el horizonte que no es otro que verme en ti cuando no comparta lo que haces, pero sí sepa que respetarte es la única opción posible, seas quien seas, con la misma consideración que para mi deseo, cualquiera que sea el estilo de tu vida o la mía. Si nuestros ideales resultasen ser antagónicos, no podemos dejar de lado – en ningún caso – que sólo nos tenemos los unos a los otros, como colectivo, para lograr que situaciones como la actual, de tanto desconcierto social y económico, se difuminen y seamos capaces de salir adelante, cada uno con su granito de arena.

Seamos un poco raros todos, porque también querrá decir que somos extraordinarios y salgamos de esa conciencia colectiva de descalificación continua y falta de respeto, que está causando que nos sumerjamos en una mentalidad de desconfianza absoluta y de desesperanza.

El devenir de los acontecimientos puede parecernos un embrollo desconcertante, sin solución, pero prefiero seguir siendo “rara” y no aceptar que me manipulen intentando instaurar en nuestra sociedad una sospecha generalizada hacia todo vecino, como un posible delincuente o como alguien necesariamente corrupto o despreciable. Las palabras – por más que nos lo hayan dicho – no se las lleva el viento y en cambio pueden hacer mucho daño. Sobre todo, porque inevitablemente nos convertimos en aquello en lo que enfocamos nuestra atención y lamentablemente en esclavos de lo que pensamos y decimos.

¿Soy rara? Quizá, pero prefiero ver el horizonte y andar hacia adelante, creando y sin destruir lo que hay con mis pasos.

Chole Limón

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