Sí, me gusta la Navidad

Y no me escondo al decirlo, me gusta la Navidad. Por todo, por su alegría y su nostalgia, porque ambas son emociones que, como la gama de colores, se funden en muchos matices y yo me quedo con los que me hacen sentir mejor.

Cada cultura, cada persona, le da su particular significado social y religioso. Y no vamos a negar que también se intente hacer de ella un fenómeno comercial de consumo desenfrenado. Esa es la función de quienes quieren vendernos algo y es legítimo por nuestra parte seguir ese juego o no. Allá cada cual con las posibilidades de su bolsillo, pero en mi corazón no hay grandes almacenes sino el sentimiento de unas fiestas entrañables para compartir con las personas que quiero y con todo el mundo en general.

Es algo parecido al despertar de una sensibilidad especial que nos conecta a todos, con su verdadero origen: el amor. Un amor que no tiene límites y se expande a todos los rincones, a todas las personas cualquiera que sea su condición. Que nos hace sentir y pensar en lo que somos y valorar lo que tenemos y a quienes nos acompañan por este camino que es la vida.

Sé que a mucha gente le entristece la Navidad porque recuerda con nostalgia a los que ya se han ido y a los que dejamos o nos dejaron atrás. Pero, como en todo, es cuestión de enfoque y yo prefiero pensar que quienes murieron, estuvieron junto a mí y pude disfrutar de su compañía y de su afecto. Y los que se marcharon, o que ya no forman parte de mi vida, les reconozco  que me ayudaron a conocer muchas de mis luces y sombras, en definitiva, a crecer.

Hay otra parte que es la de aquellos a los que amamos y viven en otros lugares. Pero eso para mí no es distancia, porque siempre estamos cerca, tanto como lo permite nuestro corazón y es como decir que siempre están conmigo. No puedo echarlos de menos. En cierto modo, con la diferencia horaria celebro la Nochebuena dos veces, la suya y la mía. Las nuevas tecnologías nos permiten brindar juntos. Quizás no podamos abrazarnos, pero veamos el lado bueno, nos podemos ver, podemos hablar y eso es mucho cuando la distancia geográfica es tanta.

Y no podemos olvidar los augurios sobre el final del mundo, previos a esta Navidad. Cuántas veces se tendría que haber acabado ya, a lo largo de la historia… Me quedo con el principio de una nueva era en la que aflore lo mejor de nosotros. Que continúe la mentalidad solidaria  que los últimos tiempos de crisis han ayudado a despertar en la sociedad; la nueva consciencia colectiva de que todos somos uno. Que los problemas de los demás no nos son ajenos. Que hoy puedes ser tú y mañana ser yo y que las manos están para tenderse. Que hasta que no hemos empezado los unos a mirar por los otros no hemos aprendido que es por ahí donde había que empezar para que todo marche y lo hagamos funcionar mejor.

Esa es la mentalidad solidaria y de amor que me gustaría para todo el año, como si todos los días fuesen Navidad. Y creo que mucha gente ya lo está haciendo posible; sólo necesitamos mirar a nuestro alrededor.

Chole Limón

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