La imagen en el espejo

¿De verdad crees que soy la idea que tienes de mí? ¿Acaso eres tú como yo pienso que eres? La respuesta a estas preguntas seguramente sea que ambos somos para el otro lo que éste puede asimilar. Pero en ningún caso tiene por qué ser la realidad. Y no lo es, porque ni siquiera podremos saber en esta vida quiénes somos de verdad nosotros mismos; no en su verdadera dimensión. No mientras llevemos puesto este traje de carne y hueso, nuestro cuerpo, que es también el templo donde habita nuestra alma.

Dice un anuncio, que me encanta, que “el ser humano es extraordinario” y no me cabe duda alguna de ello. Es más, me parece una forma maravillosa de verlo y por tanto me entristece observar cuántas veces señalamos con el dedo a otros, limitándolos con nuestros patrones mentales en la peor versión de sí mismos. Tratamos de ajustarles a lo que nuestra mente necesita clasificar como bueno o malo, olvidando la gran variedad cromática que existe entre el negro y el blanco. Seguramente es así como nos ha enseñado la sociedad a compartimentar todo en busca de la incierta posibilidad de controlar lo que nos rodea, tratando de mantener en los márgenes de nuestra comprensión al mundo en general y a algunas personas y colectivos en particular.

Y en este último terreno, el de lo particular, solemos decir que conocemos bien a quienes más cerca tenemos, porque sin darnos cuenta tendemos a llevar la cuenta de los aciertos y errores de nuestros allegados. No debería por tanto extrañarnos cuando escuchamos que las relaciones no son siempre sencillas y que la convivencia es difícil.  Y no tendría que ser así, de hecho no lo es en absoluto si dejamos de llevar esa contabilidad emocional, aceptando a los demás como son o simplemente dejándolos ir, si no hay  suficiente armonía. Quizás el primer paso sería saber si de verdad estamos en paz con nuestra forma de relacionarnos con los demás.

A la mayor parte de nosotros, nos ha costado mucho trabajo aceptar el claroscuro de nuestras luces y sombras y – ¿por qué no? – otorgarnos también una cierta indulgencia que nos ha permitido, además, empezar a desarrollar nuestra autoestima. Igualmente, hemos tenido que aprender a dejar de mirarnos por el microscopio para lograr tener una visión más amplia de los resultados de nuestra andadura por estos mundos de Dios. Y para lograrlo, ha sido imprescindible recuperar el contacto con esa parte nuestra tan inmensamente vulnerable que buscaba siempre la aceptación de los demás, aún a costa de renunciar a buena parte de su verdadera identidad.

No creo que haya nadie que alguna vez en su vida, desde la niñez hasta la edad adulta no haya tenido en cuenta las opiniones que podrían despertar sus actos. Cierto es que – unos antes y otros después – eso nos va importando menos, pero ha tenido su peso en su momento. Y la historia empieza tan temprano como la pregunta al niño que escribe su carta a los Reyes Magos y alguien le dice que sólo le traerán regalos si ha sido bueno durante todo el año. Habría que ver si la definición de “bueno” es la misma que la de “obediente” o “sumiso”. Tengo la impresión de que es así.

En definitiva, no somos la imagen que tienen los demás de nosotros, ni tan siquiera la que queremos que tengan, porque no hemos terminado de conocer quiénes somos. Y aunque nunca lo lleguemos a saber del todo, hay mucho por explorar en nuestro interior y el camino puede ser una gran aventura que merece la pena. Esto ya es más que suficiente como para que tengamos que poner cascabeles a los demás.

No olvidemos que: lo que otro refleja en ti o en mi, procede del mismo espejo.

Chole Limón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s