Memorias de un esqueleto

Cierto día se quedó mirándome una vaca. ¿Qué me mirará?, pensé yo; y en aquel instante la vaca bajó la cabeza y siguió comiendo hierba. Ahora ya sé que la vaca sólo dijo:
“Bah, total un hombre con anteojos”.
Y a lo mejor yo no soy más que lo que vio la vaca. He ahí la alegría de pensar que cuando mi calavera esté al descubierto ya no podrá juzgarme ninguna vaca.

Fragmento:  Un ojo de vidrio. Memorias de un esqueleto. Autor: Alfonso Rodríguez Castelao

¿De verdad piensas que sólo eres lo que los demás piensan de ti?  ChL

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