Candil de la calle

Parece increíble la gran cantidad de formas que tenemos para comunicarnos con los demás. Una misma persona puede ser absolutamente diferente según sea el entorno en el que se mueva. Hay veces que conoces a seres encantadores y siempre dispuestos que luego, en su casa, tienen una desastrosa convivencia familiar que hace que esta pierda toda posibilidad de ser considerada su dulce hogar.

Todos hemos oído decir que sacar adelante una relación es difícil, que siempre hay que ceder, pero eso se suele referir a aquellos con los que compartimos lazos amorosos o familiares y parece excluir al resto de la humanidad. Por lo tanto, no queda más que preguntarse qué es lo que hace que en el trabajo seamos tan considerados  y con los nuestros apliquemos otra vara de medir.

¿Acaso no deberíamos ser más considerados sobre todo con quienes amamos? Es terrible pensar que como hay confianza se puede carecer de sensibilidad. Así, es normal que haya alguien que desee que lleguemos tarde o que se le encoja el estómago al oír que abrimos la puerta al volver a casa. Puede que hagamos que una nadería se convierta en un rifirrafe hasta llevar a quienes nos rodean a la extenuación y la pérdida de confianza.  Si esto nos ocurre alguna vez, o pensamos que puede ocurrir, más vale que nos sentemos un buen rato a reflexionar. Porque sería terrible llegar a ser “candiles de la calle y oscuridad de nuestras casas”.  Este es un caso extremo pero, antes de llegar a ello, hay un camino largo lleno de pasos pequeños que han podido desviarnos desde un jardín hermoso al más seco de los desiertos.

Si efectivamente existió ese vergel en una relación que en otros tiempos fuera maravillosa, algo debió pasar, probablemente una terrible falta de comunicación que poco a poco ha ido minando uno de los mejores ingredientes del amor: la generosidad.  Un verdadero don para acrecentar nuestra capacidad de dar y recibir, para actuar con la necesaria humildad de corazón que, día a día, nos enseña que no pasa nada si mostramos que somos vulnerables y decimos qué es lo que nos pasa sin intentar ganar batallas individuales.

Una relación no es una guerra y si se convierte en eso, es que ha perdido su naturaleza; porque ya no sabremos mirar por el otro y mirarnos en él, sin traspasar el límite del respeto tras lo cual ya será muy difícil volver atrás. Siempre he creído que se debe poder dormir tranquilamente con quienes compartes tu vida y no con un ojo abierto, a ver qué pasa, como si hubiese un enemigo al lado a quien tienes que ocultarle tus más íntimos secretos.

 Amar es una decisión que no puede ser obligatoria pero que hay que saber cuidar. Amar no es tener que negociar a ver cómo logro que no te enfades. Amar es que hablemos, que nos hagamos la vida más fácil y que no haya mayor confianza en otro lugar que no sea entre tú y yo. Amar es que te muestre cómo soy en mi mejor versión y me tome el conocerte como la más bella de las aventuras sin pedirte que cambies, porque si te amo es porque algo hizo que te quisiera en mi vida como eres y no lo que quiero que seas. Si no es así, a lo mejor debería plantearme si todavía queda algo de lo que nos acercó, si merece o no la pena.

A fin de cuentas, lo que siempre quisimos fue sólo ser felices.

 Chole Limón 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s