El barco de papel

 

¿Quién no se ha sentido alguna vez como un barco de papel en medio de una tormenta? Acaso nos hayamos visto en una situación parecida a la de un náufrago en busca de un madero al que aferrarse para no hundirnos hasta el fondo.

Pero no es hasta que se llega allí, al fondo, cuando de verdad nos planteamos sacar la cabeza del agua. Quizás ni siquiera hubiese profundidad para morir en el intento, pero es así como nos sentíamos sin saber que, respirando y calmándonos, podríamos haber llegado a recapacitar que siempre somos el común denominador de aquello que nos acontece en todas las situaciones, ya sea para bien o para mal. Por ser nosotros ese punto de coincidencia en las que no acaban a nuestro favor, cualquiera que sea su naturaleza, no podemos obviar que son nuestras decisiones – casi siempre poco acertadas  o escasamente reflexionadas – las que nos llevan hasta allí.

Y es verdad que podemos tener  muchas opciones para culpar a otros de nuestros desaciertos – de los que no diremos que no tengan su parte de responsabilidad – pero nosotros participábamos en muchas de las escenas de esa obra que ha terminado sin aplausos. No se trata de encontrar causantes sino causas de nuestras actitudes que, una y otra vez, nos llevan a vivir luchando contra la corriente, pensando que todas las circunstancias de nuestra vida nos vienen dadas desde algún lugar  ajeno a nosotros mismos y lleno de fatalidad.

Unos pocos años antes de llegar a los cuarenta, pensaba que había vivido una vida en la que me iba encontrando hechos consumados que no me habían llevado al destino que de joven yo intuía que podía ser el mío, pero no era verdad. Cada consecuencia obviamente tenía su causa y el que yo no supiera que tenía el poder de cambiarlo dando pasos diferentes no era otra cosa que la falta de consciencia o de valor para tomar el timón de mi vida. Un barco de papel se deja llevar y llega un momento en el que ya ni flota bien ni se hunde. Cuando esto ocurre, es necesario llegar hasta el fondo para impulsarse desde abajo con los pies  – porque no es posible hacerlo de rodillas –  para emerger y  empezar de nuevo por la casilla de salida con una energía distinta.

Es verdad que mientras se cae en picado solamente buscamos sobrevivir, pero no hemos venido a eso. Hemos llegado hasta aquí, después de una larga travesía para  seguir expandiendo nuestro ser, descubriendo el mar de posibilidades que se abren cuando damos un paso al frente hacia nuestros verdaderos anhelos, nuestros sueños legítimos. Pero para lograrlos, hemos de recordar que ese timón que hemos de tomar como nuestro no nos llevará a ningún lugar que nos guste si no es con una actitud y enfoque diferentes.

Si hasta el día de hoy hemos atraído un tipo de personas o situaciones concretas que no nos complacen, si sentimos que siempre perdemos la partida, ¿no sería mejor que pensáramos que hay algo que hacer de una forma diferente? Y no hay que buscar más allá, ni meternos en una secta, ni pensar que algún día cuando las circunstancias cambien todo será de otra manera, porque no será así si no empezamos establecer un diálogo sincero con nosotros mismos, que nos permita entender que el  factor que nos ayudará a que los desenlaces sean más prometedores no es otro que la coherencia entre nuestra forma de “ver” las cosas, cómo actuamos con los demás  y lo que nos ocurre.

“Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas”.  Una frase de  Paulo Coelho que vendría como anillo al dedo para explicarlo.

Chole Limón

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