Tomar el testigo

Hace ya un tiempo me di cuenta de que cargarse de razones puede llevar a una persona a la intolerancia o a convertir su vida en algo muy amargo. Es verdad que, muchas veces, tenemos motivos de sobra para estar enfadados con la marcha de los acontecimientos. A nadie le cabe duda sobre ello. Sin embargo, vivir con el enojo constante como seña de identidad no resuelve nada. Es más, resulta contraproducente porque nos envuelve en un bucle que nos impide enfocarnos en buscar una solución que nos abra nuevas posibilidades para salir adelante.

De todos modos, tengo claro que tiene que haber una motivación para que queramos cambiar las cosas, pero no es la ira la más adecuada porque es sinónimo de odio, que es el mejor caldo de cultivo para el rencor. Rencor que es, como bien dice un refrán, “ese veneno que nos tomamos nosotros pensando que otro morirá por ello”.

Como muestra de lo que quiero decir: hace un par de días, tuve ocasión de hablar con unos jóvenes que estaban pensando cómo poner en marcha un proyecto y labrarse un futuro que, aunque incierto, requeriría toda su ilusión y escasos recursos. Ya se habían hecho a la idea de que el sistema actual les había cerrado las puertas que se habían abierto para sus padres. No me lo dijeron con acritud, pero sí  tuve que entonar el mea culpa de una generación que ha permitido que ésto sucediera.

Les dije que en sus manos está que todo cambie,  a través de sus ilusiones y su ideal de un mundo distinto, en el que no se viva por y para el consumo, esclavos de compromisos propios y ajenos que no se cuestionan, porque es preferible mirar hacia otro lado  con tal de disfrutar de prebendas, cada sector las suyas.

Esa fue mi generación. La que también creía que se agotarían  los recursos naturales, pero no ha sido así. Hemos dado lugar a que se acabaran antes los medios económicos para terminar con ellos. Finalmente, la naturaleza ha sido más sabia para defenderse. Y una vez más -vuelta a empezar- da la oportunidad a los jóvenes para intentar crear una sociedad nueva y mejor.

Por ésto, no me gustan las actitudes airadas sino constructivas. Nada bueno puede salir de la ira y sí de la esperanza y el buen ánimo. “Sólo espero  -les dije – que cuando lleguéis a los cuarenta años no os olvidéis de todo lo que ha ocurrido y de que en vuestras manos queda el testigo para dejarles a vuestros hijos un mundo mejor del que nosotros os estamos legando”.

Chole Limón

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