Alas recortadas


Escuchar a un joven diciendo sobre sí mismo que es un desastre al que todo le sale mal es desolador. Oír que sus padres siempre se lo dicen es aún más triste. En cualquier caso, el resultado es el mismo: el de un pájaro con las alas recortadas que no puede volar.

El sentido común nos enseña que aquello en lo que nos enfocamos es en lo que nos convertimos y si se trata de un bombardeo sobre nuestra autoestima o sobre la de un niño o adolescente, no habrá manera de levantar cabeza.

Por ello, cuando vi a aquel muchacho recordé que no hay peor enemigo que uno mismo cuando se boicotea; aunque cuando eres muy joven no lo sabes. Para éso han de pasar muchos años en los que a base de errores vas aprendiendo a acertar. Vas comprendiendo que puedes hacer cualquier cosa si eres capaz de dotarla de pasión y constancia y que siempre puedes empezar de nuevo.

Sé, porque también soy madre, que no existe un manual que te enseñe a serlo y que, por exceso o por defecto, educar a un hijo jamás será una ciencia exacta. Sé también que la sociedad acostumbra a tejer trajes a medida sobre cada uno de sus miembros para definir el lugar que cada uno ha de ocupar.

Sin embargo, no funciona. Mejor dicho, sí que lo hace si de lo que se trata es de limitar y levantar muros, pero estoy segura de que éso no es lo que queremos para nuestros hijos ni para nuestros seres queridos. Y no es lo que queremos, pero cada vez que les censuramos o descalificamos vamos dejando en ellos la impronta de la inseguridad. Una cosa es educar que viene a ser lo mismo que guiar y otra es convertirnos en jueces.  Recordemos que también hemos sido niños y no adultos pequeños. Aprendamos a guiarles para que encuentren cuál es su don. Qué es éso que les gusta y para lo que tienen aptitud.

Tal vez esa cualidad no coincida con nuestras preferencias o con lo que marca como conveniente la sociedad – notario, dentista o cualquier otro oficio que ofrezca seguridad y posición – pero sí con aquello que les apasione y pueda definir su futuro como adultos satisfechos consigo mismos. Aquel chico tenía una buena idea para llevar a cabo su sueño, pero alguien, en algún momento le “ayudó” a programarse para no creer en sí mismo.

Seguro que con el tiempo se dará cuenta y con la edad aprenderá que andar el camino es lo que te enseña a elegir lo que de verdad quieres aunque, a veces, pueda parecernos que lo hacemos tarde, pero nunca lo es si de verdad aprendemos a relativizar nuestros errores y a aceptarnos como somos.

Si pudiese volver atrás y mi don fuese cantar, lo haría aunque fuese en la entrada del Metro.

Chole Limón

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