La lagartija

Hace unos años, entraba con una compañera al trabajo después de comer. Hacía un calor terrible y el aire acondicionado era una bendición para nosotras. En un momento, reparé en una lagartija que se había colado desde el patio interior hasta un lado de la puerta del ascensor. Sin dudarlo, la tomé con cuidado y la volví a sacar, colocándola en una maceta. Pensé que podrían matarla o pisarla sin querer.

Mi compañera me dijo: ¿no has pensado que quizás, la pobre lagartija,  prefería vivir lo que le queda de vida al fresco, en lugar de achicharrarse ahí fuera?

Hoy, por otro motivo, he recordado esta anécdota. Y pienso que, a veces,  damos nuestra ayuda, directamente y sin preguntar, a quienes creemos que la necesitan. No siempre acertamos e incluso puede que hagamos justo lo contrario a lo que ellos deseaban hacer. Nos escudamos pensando que la nuestra era la mejor solución, pero no siempre es así.

Quizás, deberíamos preguntar primero: ¿puedo ayudarte?

Chole Limón

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