El altillo de Chole

Abrázate:

Hace ya algunos años, recibí un diagnóstico equivocado en el que me daban dos meses de vida, si tenía suerte. Afortunadamente, pedí otra opinión pero durante los tres días que pasaron hasta que me pudo recibir otro médico, tuve muchas cosas en las que pensar.  Además, como es natural, no estaba preparada y cualquiera puede imaginarse a cuántos santos recé y lo que pude implorar al cielo para que no fuera verdad.

Por suerte, esa segunda opinión me fue de lo más favorable y resultó que todo había sido un error y no tenía nada que no pudiese tratar con una crema para bebés. Pero la semilla quedó plantada y me prometí que vería el verdadero significado de lo que me había sucedido porque, sin duda alguna, era una señal de algo sobre lo que debería profundizar en mí: tenía que aprender a vivir de verdad en plenitud.

En mi blog, cuyo lema actual es: “¿por qué escribir sobre la muerte? ¿No es mejor escribir sobre la vida?”, hablo sobre la familiaridad cultural  que ha tenido este tema en mi vida. La muerte es un misterio incluso para los más versados teóricos a quienes admiro de verdad. La cuestión es que todos vamos de camino porque es ineludible. No podemos quedarnos aquí eternamente: estamos de paso.

No voy a intentar convencer a nadie de lo que hay “al otro lado”. No es posible hacerlo ni sería respetuoso por mi parte. Cada uno debe ir asimilando sus verdades y todas valen. Lo que sí tengo claro es que el estado de consciencia en que nos encontremos, cuando llegue el momento, hará que este paso sea todo lo fácil o difícil que queramos.

Ahora bien, éso ya vendrá pero, mientras tanto, sería bueno recordar que “estamos vivos” y resultaría muy triste que cuando hiciéramos nuestro propio balance nos diéramos cuenta de que hemos estado dormidos en vida.

Para saber si ha sido así, deberíamos preguntarnos: ¿me escucho, aunque sea de vez en cuando, para saber qué es lo que me gusta y cómo me siento? Acaso esté llenando mi mente de “ruido” para no pararme frente al espejo y saber quién soy y qué hago conmigo. ¿Me trato con la deferencia que creo debo utilizar con los demás?  Si de verdad soy mi amigo: ¿me he abrazado emocionalmente para demostrarme que me quiero?

Abrázate, no dejes de abrazarte. Nadie mejor que tú para ser tu mejor compañero. Cuando cierras los ojos, sólo quedas tú. También es cierto que no se da nada por completo si no es uno capaz de amarse. ¿A quién estoy entregando a mis seres queridos si me trato mal?

                                                                                                                                                                                                                      Chole Limón

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