Me gusta

Me gustan las cosas que significan algo y que me entusiasman, que despiertan nuestra capacidad de asombro y nos devuelven al estado de niños llenos de alegría. Me gusta sonreír y sentirme bien; no encuentro valor en buscar sentirme mal, en regodearme en el dolor. No quiere decir que éste no exista, o que no tenga que enfadarme ante las injusticias o sentir compasión ante los problemas ajenos. Es verdad que hay momentos en los que tenemos que actuar y otros en los que tenemos que esperar, unas veces a gusto y otras, no tanto.

Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre ser consciente de que te duela un martillazo en un dedo o continuar recordándolo a cada momento. De ese modo, sólo conseguiremos estar doloridos siempre. Y es verdad que no se puede tapar el sol con un dedo, pero sí que podemos sentir el dulce olor del azahar que ya ha empezado a florecer. Seguro que eso hará menos pesada cualquier carga.

Me gusta recordar las tres palabras que me dijo un amigo, ya fallecido, y a quien recuerdo todos los días con muchísimo cariño y gratitud:  “no te limites”.

La sociedad da por hecho que debemos regirnos por unos patrones, por unas creencias y nos las creemos y las  hacemos tan nuestras que se convierten en una barrera ante nuestro propio corazón y en nuestra relación con los demás. Estas creencias propias y ajenas nos hacen asumir el papel de sufridores empedernidos. Nos indican cómo se debe ser feliz, nos enseñan a ser desconfiados, a dormir con un ojo abierto. En definitiva, nos acostumbran a vivir llenos de límites.

¿Te has preguntado alguna vez si eso estar vivo? Yo creo que más bien es estar dormidos en vida, porque vamos con tantos escudos que no podemos disfrutar de lo más sencillo. Y luego, otra cuestión a más largo plazo, ¿debemos tener miedo a la muerte, si en realidad no nos permitimos vivir como queremos experimentar nuestra vida de verdad?  ¿Cuántas cosas vamos a dejar sin hacer antes de marcharnos de este mundo? Algo falla y por eso, quiero reivindicar que primero empecemos por amar a quienes vemos delante de nuestro propio espejo. Tú, yo, todos. Estoy segura de que tú también quieres lo mejor para aquellos a quienes amas. ¿Estás tú entre ellos?

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