La mejor versión de nosotros mismos

Qué sabor de boca nos queda cuando hemos estado en compañía de una persona o cuando la recordamos es lo que define qué tipo de relación mantenemos con ella. En muchas ocasiones, un breve contacto, un saludo con alguien agradable nos hace sentir bien y el tiempo siempre nos parece corto. Otras veces, sentimos que literalmente hemos hecho el tonto o hay algo que nos produce rechazo: un no sé qué llamado instinto.

Lo que sí puede resultarnos inquietante es cuando, aun sabiendo que una persona nos demuestra una actitud de escasa consideración, nos sentimos atraídos hacia ella. En tal caso, está claro que el problema lógicamente radica en nosotros y se llama falta de autoestima, la madre de las relaciones tóxicas.

Para acompañar a esta carencia también contamos en nuestra sociedad con un sinfín de patrones de comportamiento para mostrarnos cómo mantener vínculos amorosos, familiares o amistosos. Crecemos escuchando cosas como, por ejemplo, “quien bien te quiere te hará sufrir”, “ya cambiará”, “más vale malo conocido que bueno por conocer”, “no hay rosa sin espinas” o “el que se casa por todo pasa”. Y, como es natural, de tanto oírlo se nos queda grabado en el subconsciente como ley.

Lo triste es que todo ello se refiere a la persona con la que podríamos compartir nuestra vida. Es como si a fin de cuentas tuviéramos que escoger entre la guillotina o el paredón, pero lo mismo da si estamos dispuestos a que el verdugo venga hacia nosotros.

Hace un tiempo, hablando de este tema, me decía un amigo que era muy fácil decir que el amor es todo alegría y felicidad, que luego está la vida diaria para estropearlo y sacar lo peor de nosotros. Yo sólo pude contestarle que si ésa es su idea, igual será su realidad. No voy a negar que la rutina y los problemas cotidianos pueden causarnos tensión y sacar nuestro mal genio, pero amar a alguien es darle lo mejor de lo que somos, o al menos procurarlo.

Si no es así, no es amor, es otra cosa. Por propia experiencia sé lo que es recibir tanto una cosa como la otra y puedo decir que el amor de verdad siempre mira por ti y tú miras por él de manera sana. A veces convendría recordar que la felicidad no es la ausencia de dolor, sino ser para el otro la mejor versión de nosotros mismos.

Chole Limón

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